Darín y Peretti, duelo de alto voltaje en el thriller psicológico «Lo dejamos acá»
La nueva película de Hernán Goldfrid, que se verá por Netflix, enfrenta a un psicoanalista omnipotente y un escritor bloqueado en un juego de manipulaciones.

Un psicoanalista a punto de recibir un premio a la excelencia siembra la primera semilla de la incomodidad al cuestionar la efectividad de su propia profesión en la Argentina. Así arranca Lo dejamos acá, el nuevo largometraje de Hernán Goldfrid que reúne a Ricardo Darín y Diego Peretti en una trama donde las apariencias profesionales se desmoronan rápido. La película, que distribuye Netflix, tiene una duración de 98 minutos y está calificada como apta para mayores de 13 años.
Darín interpreta a Ulises Verón, un terapeuta que se siente dueño de una verdad revelada, casi omnisciente, y dispuesto a cruzar cualquier límite con tal de resolver los conflictos ajenos. Por eso, la consulta de Martín Bouchard, el personaje que compone Peretti, no le despierta mayor inquietud al principio. Se trata de un escritor exitoso que intenta destrabar un bloqueo creativo ahogándolo en alcohol, un caso que Verón cree poder manejar sin despeinarse.
Sin embargo, según detalla La Nación, la historia crece a partir de un mecanismo de manipulación que atraviesa a todos los involucrados. El terapeuta, el paciente y quienes los rodean quedan envueltos en un complejo juego psicológico que apunta a las inseguridades y contradicciones humanas. La relación entre ambos hombres arranca con un tono serio, casi de policial oscuro, y la fotografía de Rodrigo Pulpeiro acompaña esa construcción con acierto.
Con el correr de los minutos, el film evita profundizar en terrenos más densos y se inclina hacia un thriller liviano con destellos de comedia, rozando lo hitchcockiano. El último tercio introduce un giro en el tono, apoyado en guiños y referencias que, aunque pueden gustar a una parte del público, desentonan con la potencia de la propuesta original. Aun así, el clima de tensión psicológica, e incluso física, se sostiene en gran medida gracias al trabajo de sus protagonistas.
Darín y Peretti despliegan una química que trasciende la pantalla. Con estilos diferentes pero complementarios, sus escenas juntos elevan el nivel de los diálogos y resulta difícil imaginar otra dupla capaz de cargar con la historia. La crítica destaca la gama de matices que ofrece Peretti, exigida por su personaje, y el proceso interno que transmite Darín solo con la mirada y el lenguaje corporal, sin necesidad de palabras. La dirección de Goldfrid, que deja fluir sin invadir, potencia esos momentos.


