El tren fluvial: la ópera prima de Lorenzo Ferro que viaja al corazón del cine argentino
Dirigida junto a Lucas A. Vignale, la película sigue a un chico que sueña con ser artista y escapa del campo a la ciudad. Un homenaje sensible a Leonardo Favio y a la cultura popular.

El tren fluvial, la ópera prima de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, se presenta como un viaje iniciático y de autodescubrimiento. La historia sigue a Milo, un chico que practica malambo y decide escapar del campo hacia Buenos Aires con el anhelo de convertirse en artista. Según La Nación, el film logra condensar un universo creativo que evoca sin imitar a figuras como Leonardo Favio.
El largometraje, de 76 minutos, se apoya en una trama mínima pero cargada de poesía. Desde un viejo televisor, una imagen de Carlos Monzón anuncia su partida a la gran ciudad para trabajar de artista, un guiño directo a Soñar, soñar. La crítica destaca que la película no busca la perfección, sino que encuentra su fuerza en la audacia, la frescura y una honestidad emocional que transmite la mirada atenta de un niño.
Un elenco con guiños a la cultura argentina
El recorrido de Milo está poblado de encuentros singulares. El protagonista, interpretado por Milo Barria, dialoga a través de auriculares con un anciano dormido, papel a cargo de Diego Puente, quien fue el niño de Crónica de un niño solo. También aparecen el escritor Fabián Casas como un karateca y Rita Pauls como una profesora de casting. La música refuerza esa búsqueda poética con temas como “Quiero vencer mi soledad” de Raúl Vásquez.
El título del film remite a la literatura de Francisco Madariaga, uno de los mayores poetas argentinos, cuya voz recita un poema en la película. Ese “tren casi fluvial” que trajo a Madariaga desde los esteros correntinos hasta el cemento porteño envuelve la narración en una mezcla de lo telúrico y lo onírico. La Nación calificó la propuesta como excelente y resaltó la sensible intuición de esta dupla creativa.


