La historia de la niñera argentina que les enseñó español a las hijas de la reina Máxima
Ana Roibon fue la elegida para transmitir la cultura y el idioma a las princesas Amalia, Alexia y Ariane durante su infancia en los Países Bajos.
La reina Máxima de los Países Bajos tenía un objetivo claro para sus hijas: que Amalia, Alexia y Ariane dominaran el español con total fluidez. Para lograrlo, necesitaba una asistente de origen argentino que pudiera transmitirles la cultura y el lenguaje desde la infancia. Esa búsqueda, que demandó paciencia y una red de contactos personales, recién dio frutos cuando la menor de las princesas cumplió tres años.
Según detalla el libro Máxima, la construcción de una reina, escrito por Rodolfo Vera Calderón y Paula Galloni, la estructura de cuidado de las princesas durante sus primeros años dependió de especialistas formadas en el prestigioso Norland College de Inglaterra. La primera fue Hansje Görtz, quien trabajó durante tres años hasta su renuncia en 2007. Luego, la elegida fue Eveline van den Bent, una abogada que se destacó por su capacidad resolutiva y que en 2010 fue promovida al equipo de asistentes personales de la reina.
Ese movimiento estratégico abrió la puerta para concretar el deseo original de Máxima. La monarca activó sus contactos y se comunicó con amigas de toda la vida para hallar a la candidata ideal. Así surgió el nombre de Florencia Di Cocco, miembro de una familia con larga trayectoria en el sector educativo y fundadora del colegio Nightingale. Di Cocco recomendó a su propia sobrina, Ana Roibon, una joven de 32 años en aquel entonces con estudios en organización de eventos y formación académica en el Sworn College de Belgrano.
El proceso de selección posterior a la recomendación fue intenso, y la corona neerlandesa formalizó la contratación de Roibon como niñera oficial. Conocida afectuosamente como Anita, su labor con Amalia, Alexia y Ariane se extendió durante toda la infancia de las jóvenes, hasta que alcanzaron la preadolescencia y ya no requirieron asistencia permanente.
La presencia de la niñera argentina fue fundamental para que las hijas de los monarcas incorporaran el español como una lengua materna y mantuvieran un vínculo directo con las raíces de su madre. La tarea finalizó cuando el crecimiento de las herederas volvió innecesaria la tutela constante, marcando el cierre de una etapa clave en la educación de las tres princesas, según La Nación.