“El último asado”: teatro inmersivo en Flores que borra los límites entre ficción y realidad
La obra de Santiago Cortina y Francisco Diez convierte un almuerzo en una experiencia escénica donde el público comparte la mesa con los personajes.

En una casona de la calle Bacacay, en el barrio de Flores, un grupo reducido de comensales vive una experiencia que mezcla teatro y gastronomía sin separar la ficción de la realidad. Se trata de “El último asado”, una propuesta inmersiva donde los actores Santiago Cortina y Francisco Diez interpretan a Niní y Braulio, dos anfitriones que reciben a los invitados como si fueran parte de una reunión familiar. La cita es puntual y no hay boletería ni sala tradicional: todo ocurre alrededor de la parrilla y la mesa del quincho.
Una experiencia que invita a soltar los celulares
Según La Nación, al llegar, Niní pregunta a los asistentes qué harán con sus teléfonos y sugiere no ponerlos en modo avión. Esa pequeña regla, junto con la aversión de los personajes a viajar, establece un tono absurdo que invita a aceptar el juego. No se exige actuar ni seguir instrucciones complejas: basta con estar, conversar y dejarse llevar. El espacio —jardín, pileta, arboleda y porche— se convierte en escenario sin perder su aire doméstico.
El asado se sirve en tres tiempos y la cronología se cumple con precisión. Los actores manejan la conversación con una autoridad suave, pero también escuchan y recogen lo que dicen los comensales para alimentar la situación escénica. La improvisación no busca convertir a nadie en protagonista involuntario, sino integrar lo que surge con amabilidad. A veces la charla se vuelve tan espontánea que la frontera entre la reunión social y la representación artística desaparece.
Cortina, actor y clown con formación musical, y Diez, que combina actuación con danza y escritura, construyen personajes anacrónicos: Niní lleva gorro Piluso, sobretodo y un zapato de cada color; Braulio, boina y manos manchadas de carbón. Dicen tener 130 años, pero sus rostros jóvenes contrastan con el vestuario. Entre plato y plato aparecen intervenciones teatrales preparadas que modifican el rumbo del almuerzo, siempre con un equilibrio entre lo estructurado y lo imprevisible de una mesa de desconocidos.

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«Pueden dejarlos sobre la mesa o conservarlos, pero no ponerlos en modo avión»
— Niní, en declaraciones recogidas por La Nación
La experiencia dura aproximadamente dos horas y media y su atractivo está en la cercanía, en recuperar el valor de sentarse a comer con otros y en la observación de los pequeños rituales: tomar, comer, escuchar y prolongar la sobremesa. Niní y Braulio juegan con la idea de que “quizás nunca volvamos a comer un asado”, y esa incertidumbre genera expectativa sin incomodidad. Al final, la despedida es como la de unos tíos que invitaron a su casa: agradecimiento y un “nos vemos, chau”. Las funciones son el viernes 6 de noviembre a las 20 y los domingos 15, 22 y 29 de noviembre a las 13, con un valor de $35.000. Las reservas se gestionan por Instagram en @braulioynini.
Fuente consultada: La Nación. Nota de redacción propia de ColorMusic Argentina.





